Se entienden bajo el nombre de zooterapias* aquellos tratamientos terapéuticos asistidos por animales, dirigidos a personas con afecciones crónicas, minusvalías físicas o psíquicas, neurodegenerativas, traumatológicas, problemas de comportamiento y otras afecciones discapacitantes. Pero para comprender la base del abordaje realizado en las zooterapias es necesario primero establecer que las mismas trabajan con ciertos fenómenos que tiene como campo de acción el sistema nervioso central (SNC), específicamente el sistema límbico del cerebro, que es el encargado de coordinar el componente emocional de nuestra conducta. Se ha demostrado en distintos estudios que la visualización y el contacto con la naturaleza induce la liberación de endorfinas en este nivel del SNC, promoviendo sensaciones de placidez y bienestar que ayudan a disminuir las tensiones y gratifican los procesos mentales y sensoperceptivos. Esto sucede con cualquier integrante de la naturaleza (paisaje, mar, río, brisa, sol), cada uno es un estímulo capaz de inducir esta sensación, pero son los componentes de la naturaleza con los que podemos interactuar directamente, es decir los animales, aquellos que podrían llevar estos efectos a un plano potenciado. Así, las experiencias de alegría, serenidad, optimismo e interacción resultantes de las experiencias de zooterapia alientan la recuperación orgánica de muchas patologías o traumas donde los procesos mentales y psicosomáticos tienen gran y positiva influencia. Un ejemplo de ello es el caso de las zooterapias caninas, como la que es llevada a cabo en el Hospital “Pedro Elizalde” de la Ciudad de Buenos Aires; allí los animales ayudan a reflejar con su conducta la del niño que juega o interactúa con él, visibilizando una estrategia para arribar a la problemática y a un futuro programa de estímulos para el paciente. En cuanto al tratamiento con niños con discapacidad, por ejemplo motoras, las zooterapias basan su estrategia en el juego y el vínculo afectivo desarrollado entre el niño y el perro, estimulando la percepción del otro, la interacción y el dar y recibir, como también estimular la motricidad. Hoy en día, las prácticas de zooterapia son plenamente aceptadas y promovidas en diversos centros de salud tanto públicos como privados y en distintos ámbitos universitarios, donde se siguen estudiando sus beneficios. Sin embargo, son también numerosas las organizaciones y profesionales que piden cautela a la hora de embarcarse en estos tratamientos, para prevenir posibles abusos que vulneren los derechos de los animales, muchas veces esclavizados y maltratados. Animales como Prozac viviente Este último es el caso del Dr. Charles Danten, graduado en Ciencias de la Agricultura y Ciencia Veterinaria en Francia. Danten fue durante 20 años veterinario en su propia clínica de Montreal, asistiendo también en su práctica a animales de granja y zoológicos. Hasta que, tomando conocimiento del crecimiento de ciertos aspectos indeseables de la relación humano-animal, decidió vender su clínica y abandonar su profesión para dedicar su energía a mejorar las relaciones entre los seres humanos y los animales, especialmente los considerados “mascotas”. El Dr. Danten es además autor del best seller, “Un Vétérinaire en colère” (Veterinario enojado) donde expone su crítica, entre otras prácticas y costumbres, hacia las zooterapias. En su artículo titulado “Los animales son Prozac viviente”, Danten denuncia una carencia de rigor científico respecto a estas experimentaciones y advierte sobre un esclavismo animal. Según Danten, una investigación británica ha comentado que la carencia de rigor parece ser un defecto común en la investigación veterinaria. “Mis opiniones sobre zooterapia encolerizaron a muchos lectores. Si utilizamos animales para hacer nuestras vidas más hermosas o alegres, ejercitar, satisfacer una necesidad neurótica, o montar una cierta imagen que tenemos de una familia feliz, estamos practicando una cierta forma de zooterapia. La idea de la terapia animal asistida fue inventada en los años 60 por un siquiatra de Nueva York llamado Boris Levinson, se puede por lo tanto definir simplemente como la interacción con un animal doméstico. No es algo reservado para los ancianos o personas con discapacidad. De hecho, el 50 a 60% de la población de países occidentales ricos la practica a diario”, sentencia. Danten también sostiene que existe un gigantesco mercado alentado con la complicidad de muchos veterinarios para generar una dependencia enfermiza hacia la adquisición de mascotas, lo cual no permite desarrollar un sano vínculo entre seres humanos y animales. “Pseudociencia es la palabra adecuada para la zooterapia, un paliativo pobre para la fiebre pero no para la enfermedad. El predominio de animales domésticos en sociedades ricas, industrializadas es, de hecho, uno de muchos indicadores de problemas sociales importantes. Los animales se están utilizando como Prozac viviente, una clase de tranquilizante para enfrentar las enfermedades crónicas de la vida en una sociedad decadente. Al contrario de atender los problemas humanos, los hace aún peores. ¿Si los animales domésticos son tan buenos para nosotros por qué el 70% de sus dueños se deshacen de ellos en el plazo de 2 años?”, desafía Danten. Los duros argumentos del veterinario francés apuntan a desnudar el foco de una grave problemática que se desarrolla en las ciudades modernas. ¿Cuál será entonces el equilibrio que permita que ambos mundos entren en comunión sin que esto implique un perjuicio para nadie? Quizás haya que sondear en los propios motores que nos impulsan hacia la interacción con animales. Las nuevas indagaciones éticas nos ubican frente a nuevos desafíos para los que, al no tener un ejercicio previo en lo social, sólo podemos guiarnos por la intuición y por la empatía. ¿Sentimos lo mismo al observar el vuelo de los pájaros o el canto de las gaviotas en la playa que al observar a un mono detrás de las rejas de un zoológico? Seguramente no, y seguramente aquí se encuentre la clave para empezar a reflexionar cuál de las dos imágenes puede ser realmente sanadora y estimulante para el ser humano y generar una realidad que les permita a los niños con discapacidad desarrollarse y realizarse en un mundo sin sometimientos y con amoroso cuidado hacia todos sus componentes. Luis Eduardo Martínez martinez_luiseduardo @yahoo.com.ar * Es necesario utilizar el plural, ya que existen muchos enfoques y abordajes distintos sobre zooterapia, y porque la utilización de distintos animales genera una práctica diferenciada. Fuentes y links de interés: - www.todosomosanimales.org - http://ojosveganos.com/ - www.tdi-dog.org/whatdo.html - www.angryvet.org |